CARLOS
CRUZ DIEZ. EL COMMANDEUR
WILLY
ARANGUREN*
Hace dos meses atrás, el artista venezolano Carlos Cruz Diez
recibió la orden de Commandeur, una de las más altas
condecoraciones que otorga el Gobierno Francés a personalidades
mundiales que se hayan destacado dentro de la cultura y el arte.
La han recibido además los venezolanos Jesús Soto,
recientemente fallecido, Sofía Imber y el escritor Arturo
Uslar Pietri. No es cualquier cosa, cuando viene de la Meca del
Arte por antonomasia.
Quizás Venezuela ha tenido, históricamente, una participación
mucho más activa, en la vida cultural francesa, que otros
paises latinoamericanos por aquella idea de Antonio Guzmán
Blanco por convertir a Caracas en una “Pequeña París”;
también por cuanto nuestro Arturo Michelena triunfó
sobre manera cuando, en el Salón de París, no se le
llegó a otorgar el Primer Premio por cuanto sólo lo
podía obtener un artista de nacionalidad francesa (por lo
que se le dio el segundo premio). La asimilación e investigación
del Arte Francés y de los museos en Francia también
estuvo en la mente de hombres del pincel y del dibujo, como Martín
Tovar y Tovar y Cristóbal Rojas, quien asimiló, por
su naturaleza propia, mucho más el romanticismo francés
que cualquier otro artista. Manuel Cabré, ya en nuestro Siglo
XX, vivió por unos diez años, en la capital francesa,
escribiendo toda una serie de reflexiones y crónicas, ocurridas
allende, que puntualmente se publicaban en Venezuela. Artistas venezolanos
como Carlos Otero, Charles Ventrillón Horber, Eduardo Schlageter,
Tito Salas, Asdrúbal Colmenárez, Esteban Castillo,
César Andrade, se encargaron de mantener una vinculación
y las búsquedas de verdades plásticas en ambos lugares.
Artistas como Oswaldo Vigas o Mario Abreu han bebido de sus fuentes
para reafirmar nuestra identidad latinoamericana y venezolana. Jorge
Pizani, Pancho Quilici, Antonio Lazo entre otros artistas contemporáneos
se han educado en predios parisinos.
Pero sin duda alguna que la vinculación o la incorporación
de Venezuela, en “la cresta del Arte Mundial o Internacional”
se da a partir del protagonismo de “Los Disidentes”.
Es decir de un arte que se hacía más contemporáneo,
alejado de la representación del paisaje, de la figuración
y más cerca de los postulados del abstraccionismo, de la
concepción del arte sin ninguna representación anecdótica
y más bien basado en el descubrimiento de postulados científicos,
de la unión de la filosofía con el arte, en la intervención
de la ciencia; en una idea de arte puro o racional, de la razón,
que podría convertirse en objeto de transformación
de la realidad o que obedecía a estudios de lo formal, de
lo informal, de lo eminentemente plástico.
Y todo ello se dio en París, con una serie de venezolanos
del siglo XX. Es la época del primer viaje a “La Ciudad
de las Luces”, de nuestro Carlos Cruz Diez quien ejercía
la noble misión de ser uno de los pioneros del Diseño
Gráfico en Venezuela. Nos ubicamos en los principios de los
años cincuenta. Desde esta época hasta los actuales
momentos mucha es el agua que ha recorrido el río de la vida
y por supuesto mucha es la investigación que en el campo
del arte, ha realizado Cruz Diez, sobre todo con la investigación
del color, de los colores aditivos, de lo que el ha llamado “Fisicromías”,
de la influencia del color en la óptica del humano, de quien
ve las obras, de un arte llamado “de masas”, de apreciación
más bien colectiva, incorporada a la arquitectura o al paisaje
de lugares adecuados o estudiados para que la obra de arte intervenga,
modifique, transforme.
En nuestro mundo por el arte, tuvimos la oportunidad de visitar
al Taller del artista, en Bello Monte, Caracas, cuando el artista,
Milton Becerra, fungía como su asistente (1979). Nos pareció
un gran local, largo, como un gran laboratorio donde se fundía
la ciencia y el arte, donde se “fabricaba” arte, pero
desde el punto de vista de la alquimia, de lo artesanal-medieval.
En nuestros recorridos, en los años 80, por bibliotecas,
galerías y museos norteamericanos, en búsquedas de
información acerca del Arte Venezolano, nos dimos cuenta
que ya en los cincuenta y sesenta, figuras como Cruz Diez, Jesús
Soto, Luis Guevara Moreno, Pascual Navarro, fueron incorporados
a la bibliografía mundial e internacional del arte.
Cruz Diez está representado en muchas ciudades del mundo,
como el mismo París, Caracas, Tokio, Maiquetía, El
Guri (Estado Bolívar). Nos interesa destacar el privilegio
que poseemos en Barquisimeto, de poder gozar de la gran escultura
citadina “Homenaje al Sol”, única en el mundo
por su diseño, una especie de homenaje a la humanidad, a
lo que representa el círculo concéntrico en las grandes
culturas del mundo, nuestro crónlech contemporáneo,
nuestra forma de comunicarnos con el globo, de estar presentes en
él; el círculo cromático y colorístico
que nos aparta, nos concentra y nos une. Pudimos además disfrutar
de su obra en la muestra que le hiciera la Galería “Juan
Carmona”, de El Impulso.
Cruz Diez es uno de esos seres que trasciende por su sencillez,
por su presencia de Maestro, por su serenidad encontrada. Por todo
ello y por mucho más se le ha otorgado esta Orden de las
Artes, que es como dársela a la inteligencia venezolana.
Por ello debemos congratularnos y estar con este gran artista. Debemos
además cuidar la obra de arte “Homenaje al Sol”
que es nuestra y de toda la humanidad!
*Crítico de Arte. Asociación Internacional de Críticos
de Arte. Capítulo Venezolano.
UN
ACERCAMIENTO A LOS PINTORES POPULARES DE LA CALLE
WILLY
ARANGUREN*
Sin duda alguna existe una concepción errada, diríamos
también peyorativa cuando se habla de “Pintores de
la Calle”. Pareciera ser que quien se refiere a estos profesionales,
de alguna manera, piensa en personas informales, no disciplinadas,
con una vida de bohemia, alentadas más bien por la necesidad
de la subsistencia, con un propósito, como se dice, de actuar
hacia un solo norte: vender sus productor pictóricos.
Tratar de definirlas o encasillarlas puede ser peligroso y hasta
arbitrario a la hora de su estudio, a la hora de saber cuál
es el verdadero lugar que ocupan, en este caso como venezolanos,
como pintores.
Es cierto que, en la mayoría de los casos, se trata de personas
autodidactas o que han recibido pocas nociones o instrucciones del
difícil trabajo de pintar o que no han seguido una carrera
de reconocimiento y auto-reconocimiento, a partir de su intervención
en eventos públicos como exposiciones, certámenes
o este tipo de asuntos.
Hay muchos hechos para pensar que posiblemente no operan en todos
o que tienen sus variables o incidencias: por ejemplo: hay un mundo
o un mercado para ellos, sin inmiscuirnos en los juicios valorativos
y plásticos, sino por el hecho del gusto de que sus pinturas
“se parecen a la realidad”, al paisaje “que yo
veo, que observo”, el “igualito que tal cosa”;
hay una “clientela” compenetrada con este tipo de pintura;
existen unas relaciones comerciales pues ellos deben comprar sus
pinturas, “preparar” sus telas, ir de puerta en puerta
o de bar en bar, de negocio en negocio, ofreciendo su “mercancía”,
que por supuesto no se trata de una obra seriada como potes de sopa,
pero que también, en oportunidades, los cuadros son hechos
a la ligera, sin ningún reposo determinado; una pintura rápida,
demasiado rápida, diríamos, donde la urgencia es vender,
a como de lugar.
Pero también existe en otra oportunidad, el reposo, la investigación
a sus maneras, “la pensadera” para realizar tal o cual
obra; nos encontramos además con el vil o placentero encargo
que distrae la creatividad en aras del consumo.
De forma que se trata de un mundo sumamente complejo, como cualquier
otro y que entra en una competencia hasta desventajosa con la llamada
“pintura culta o académica”, un rechazo por cuanto
ésta puede considerar que se invade su terreno, sin “los
requisitos” para ello. Por otro lado, este pintor de la calle
tiende a marginarse, a “vivir su mundo”, lejos de una
competencia “académica” donde no tiene cabida,
donde es rechazado por cuanto el salón, la Escuela de Artes
(a nivel medio o superior) no han sido pensadas para ellos, o para
el tipo de arte que realizan.
En algunos casos, no se escapa además, en estos pintores,
un cierto sentido de banalidad, de copia de cromos, de hacer una
pintura cruda, una pintura donde no existe una atmósfera.
O de “colores chillones”, o donde se le niega la entrada
al buen uso de simples conceptos plásticos como la perspectiva,
el color, la utilización de un buen soporte, la imprescindible
necesidad de dibujar, el conocimiento de lo cromático, la
necesidad o el conocimiento de la historia del arte (si se quiere),
el sentido que debe tener la investigación, el acercarse
a los museos, a las exposiciones. Sólo una creatividad genial,
o por lo menos fuera de lo común, supera estos problemas:
Bárbaro Rivas, Emerio Darío Lunar, Salvador Valero,
entre otros.
No escapa además el hecho de la necesidad del reconocimiento,
de ser pintores que han dedicado su vida a este mundo, que tienen
20, 30, 40 o más años, pintando, haciendo de esta
actividad del alma y de la mente, su modus vivendi. El hecho de
pasar por esta vida, haciendo un arte para hoy, un arte para lo
cotidiano, para el diario vivir, debe contar, debe tener reconocimiento,
máxime ahora cuando se habla de la fuerza de las minorías,
de hacer justicia, de darle un valor mucho más justo a lo
hecho por el pueblo.
Aunque hay también una cierta desconfianza de lo que provenga
de fuentes oficiales, de “protectores”, de “gente
interesada” por cuanto se teme ser utilizados “como
trampolín”, como personas que pueden ser beneficiosas
para una determinada causa particular, individual y hasta egoísta,
para ser olvidados más adelante.
Y es que, por otro lado, ha habido poco interés de los investigadores,
críticos, historiadores de arte, por estudiar o por dar a
conocer estos problemas o estos hombres y mujeres con sus motivaciones.
De hecho hasta excluyente pues pocas son las mujeres “pintoras
de la calle” que hemos encontrado!!. Aunque, en cuanto a estudios
e investigaciones, tengamos sus excepciones más bien particulares,
en Venezuela, en los casos de Francisco Da Antonio, Juan Calzadilla,
Perán Erminy o Marino Díaz. O en la labor de instituciones
como el Museo “Salvador Valero”, el Museo de Arte Popular
de Petare, la Galería de Arte Nacional, entre otros, pero
todo ello se diluye en el tiempo y en el espacio, como una actividad
más bien marginal, de unos “marginales”, de unos
“Creadores al Margen”, como fue llamada una muestra
hecha, en el año 1980, en el Museo de Arte Contemporáneo
de Caracas. Estos “Pintores de la Calle” han estado
incluso más distanciados de estas prebendas que “aporta”
el capitalismo consumista.
Lo cierto es que además, hay sitios “especiales creados”
por estos pintores, como también, en cada ciudad hay una
“Calle del Hambre”: en Mérida, Maracaibo, Caracas,
Puerto La Cruz. Aquí en Barquisimeto se reúnen en
la Plaza Los Ilustres, en la placita frente al Hotel Príncipe,
frente a la tienda “Fin de Siglo” (¿?) o deambulando
por ahí, en la Avenida Vargas o en otros lugares. Y no podría
haber UN SITIO para estos “Creadores al Margen” donde
pudiesen reunirse, intercambiar mundos, ideas y opiniones y por
supuesto vender, seguir subsistiendo??!!. Es una buena pregunta.
No se trata de vendedores de mercancías, de vendedores informales,
sino de personas que hacen una obra, de personas que, de alguna
y muchas maneras, acentúan o incrementan la idiosincrasia,
la pertenencia, de creadores de imágenes, buenas o malas,
de acuerdo a la óptica de cada uno.
Intuyo y comprendo que muchas de las carencias expresadas anteriormente
se deben a problemas de educación, de formación, bien
informal y formal, que deben ser eliminadas, pero no con un sentido
de protección paternalista desde el Estado o desde las instituciones
que trabajan para con el arte, más bien con la ayuda o el
asesoramiento de estos.
Se trata de un proceso de transformación donde exista mucho
de auto-valorización, de no marginarse, de unirse, de integrarse
desde lo que se hace, pero mejorado en cuanto a procedimientos,
técnicas, recursos, conocimientos plásticos, sentido
de creatividad aunado a un sentido de pertenencia, asunto positivo,
gratamente observable en la mayoría de estos artistas. En
Barquisimeto, debido a esa onda concéntrica e histórica
que suele suceder, muchos emulan por ejemplo, a Rafael Monasterios,
a José Requena, a Trino Orozco, Hugo Daza, y otros, muy pocos,
los desconocen, pero sí se identifican con el paisaje larense,
con los crepúsculos, como un pintor de Caracas, que no conociendo
a Manuel Cabré, puede pintar cientos de veces el Ávila.
No negamos que el exceso de trabajos en serie, acarrea el hecho
de desmejorar el producto, de hacerlo mediocre, asunto que se debe
evitar, pero “la necesidad tiene cara de perro”, reza
el dicho popular. Podría entonces mejorarse ese producto
cuando existan las condiciones educativas, los acercamientos a los
museos, a las galerías, a los libros, a las películas,
al Internet, a diversos medios.
Vienen al caso todas estas elucubraciones y reflexiones, en el marco
de un primer acercamiento del Museo de Barquisimeto y por cuanto
desde la recién inaugurada Galería Municipal de Arte
de Iribarren, se tienen planes precisos para integrar o seguir integrando
a estos pintores a los museos, a los espacios galerísticos,
donde además la Licenciatura en Artes Plásticas de
la UCLA debiera tomar cartas en el asunto. Es cierto que existen
otras experiencias de acercamiento, en el caso de nuestra ciudad
que se deben fortalecer desde el Museo, desde la Alcaldía
de Iribarren, desde la UCLA, desde el Ateneo. Por nuestra parte,
como investigador y crítico de arte, estamos haciendo un
Diccionario de las Artes Visuales Larenses, donde hemos incluido
y seguiremos incluyendo a estos creadores al margen.
El domingo, 12, desde el Museo, llevamos a cabo una maravillosa
experiencia con alrededor de unos 12 de estos pintores, con un jurado
compuesto por Marisol Castillo, Sandra García y quien escribe
esta nota. De verdad que este acercamiento nos llevó a otras
facetas del arte al que poco estamos acostumbrados pero que existe,
con sus relaciones, sus pertenencias, sus conflictos, sus intereses
y formas de ser, pero sobre todo, con una gran calidad humana, una
gran sencillez por parte de quienes participaron como fueron los
casos Ángel Escalante, Eladio Marcano, Marco Hernández,
Javier Liscano, Francisco Chávez, Numa Abarca, Rubén
Álvarez, Freddy Vázquez, José Luis Gles, Víctor
Ramón Zambrano, Rosita Boraure, en el cual resultaron premiados,
Vázquez, Liscano, Álvarez y Zambrano.
Lamentamos que no hubiesen sido unos 30 o 40 los participantes por
cuanto Barquisimeto tiene mucho más que esa cantidad de pintores
de la calle. En ellos se reivindicó el arte, Monasterios,
La Cuesta Lara, el mismo Museo, sus pasillos y jardines, las inmediaciones
de la plaza Bolívar, de la Placita Lara, con un espíritu
de lo añejo, de lo contemporáneo, del rincón
que pertenece al Barquisimeto de siempre, del sitio de la añoranza.
Y en este sentido ganaron la ciudad, los artistas, el Museo. ¡Enhorabuena
por esta experiencia que debiera repetirse siempre!
*WA Asociación Internacional de Críticos de Arte,
Capítulo Venezolano.
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La
Chuña
Apareció en la calle
inédita y como recién creada,
sola en su especie hasta que ganó su nombre.
Merodeó en los jardines
altanera y lenta en su plumaje
de seda gris, alzando
sobre la ondulación del cuello
el orgullo de su cabeza, el pico dorado
entregado a la instantánea caza
de insectos aéreos. Finamente articuladas
en dos secciones, sus patas concluían
en tres dedos aferrados al planeta.
En un suave estallido de vida individual
expresada en los ojos
de mujer egipcia y lateral
pintada en la piedra. Los definía
un negro absoluto, sin lenguaje,
muy hacia adentro su oscuridad sin fin,
un campo de negación que devoraba todo
sin devolver nada
ni siquiera el nombre que le habían prestado.
Y hasta el verde paisaje de sol moteado
entregaba a esa doble visión insaciable
un lenguaje de figuras que se volvían ciegas.
Joaquín O. Giannuzzi
Acá
está todo
Carne
Carne
hay
carne.
¿De qué?
Carne de sí
carne de carne.
Pero, ¿de qué?
De provincias
del campo
carne suelta.
¿Viva o qué?
Verde
muy verde
lambeteada
de moho y
machacada
a los golpes.
¿De qué?
De carne de
su carne
que
ya
no.
Pero¿de qué?
De animales
perdidos
percudidos
tal vez
vacas.
¿Vacas de qué?
De las que
alguna vez
ajenas
y hoy
apenas.
¿Qué?
Despellejada
hacienda
chusca
baqueteada
abombada
de moscas
angurrientas.
¿En qué?
Astillas
o gusanos
en esa carne
viva
sí pero
imposible.
¿Hacienda qué?
Entre piedras
plantas secas latas
oxidadas
carne de vacas
sueltas
desatentas.
¿En pie?
De guerra
perdida
de trapos desflecados
de olvido
que se encarna
en esa carne
vieja
que
cual perro
de hortelano
ni come
ni se deja
ya
comer.
Guillermo Saavedra
Tigre
y león
Hicimos una casa
cerca de un bosque
pero no en uno
porque la queríamos
soleada. No hablamos
con nadie y cuando tuvimos hijos
los escondimos
les compramos libros y les
enseñamos a leer
y a escribir nosotros mismos.
La casa queda junto
a un precipicio
A la madrugada nos acercamos
y tiramos cosas, como botellas,
tazas, juguetes o lo que haya
por ahí y escuchamos
cómo suenan
al estrellarse contra
las rocas.
Cuando volvemos
es más lindo
estar en la casa
sin hablar, sin nadie
que se caiga por el precipicio.
***Nos
sentamos abajo
de un gomero viejo
y acariciamos el musgo verde
que crece entre los huecos de su tronco
en la raíz. Encuentro una lombriz
en la tierra húmeda
por la sombra.
La agarro y la pongo
en la mano de mi hijo.
Al principio parece asustado
pero después descubre
las cosquillas que le hace el gusano
y se ríe
como si el mundo fuera
un campo enorme
lleno de misterios maravillosos
y yo, por el momento
le creo. *** No le tengas miedo a las tormentas.
Los truenos
son espectaculares
tienen que ver con el cine.
Si tenés miedo, vení a mi cama
nos tapamos con dos frazadas.
Los relámpagos: el flash de una cámara
que le saca una foto a la ciudad.
Los balcones se iluminan por un segundo
y se apagan
como cuando es Navidad.
Las tormentas son buenas:
un preámbulo o una conclusión
que tranquiliza porque llegó.
MARINA MARIASCH
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